15 de cien… ¿Te hace un viaje?

luna

Cada miga de pan vista de cerca me parecían meteoritos deformes con los que podía disparar  al vacío. La tenue luz que me acompañaba no me daba referencia clara de a que planeta los enviaría tras el despegue. Cada golpe era un murmullo farfullado por mi – ¡que la fuerza interestelar te acompañe!.

Llegaste a la cocina y me miraste impasible. En tu cara no había asombro tal vez supieras que formabas parte de alguna de esas migajas que sometería a un viaje astral más allá de mi…

Por un momento desee verte bailar al ritmo de la música que nos acompañaba… mover esas caderas sinuosas y atrevidas. STOP! -me dije-   intenté desnudarte en mi imaginación, hacerme un “American Beauty”. Lo dejé por imposible cuando dijiste las dichosas palabras ¡Quieres poner los pies sobre la tierra!.

Elegí aquel día, justo aquel momento y,  tiré mi migaja hacia ti, mi satélite. De lo que pasó ya no merece hablar. Sigo en ello y mi porcentaje de acierto solo depende de mi actitud ante la vida, lo sé, te importa una mierda. Seguiré soñando con rozar la luna con mis dedos…

20 de Abril de no se que año

Fin..

En “Este Jueves, relato” esta semana el tema te lleva a alguna de fecha importante o relevante en el Calendario… en el Blog de Juan Carlos  ¿Y qué te cuento?

 

La musa inspiradora

 

11 de cien…Cuarenta escalones de cercanía

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Marisa trabaja en un club de Jazz en el West Village, se pasa las noches sirviendo copas y moviendo sus caderas acompasadamente entre las mesas regalando sonrisas a los clientes…

Al final de la noche cuando los compases amilanados del “saxo” despiden al público; un mechón rubio se deja caer por su tez y ella se marca una canción mientras limpia las mesas. Siempre la misma “Fly me to the moon”…

Al llegar al portal casi rozando el amanecer, descalza sus pies en el rellano. Sube los escalones de dos en dos y al llegar al tercer piso regala  la última sonrisa complaciente  al abuelo de la puerta “D” que la espía por la mirilla…

Ya en casa mira el reloj y espera que la aguja marque las siete en punto. Ella espera que baje el vecino del quinto.

Él se desliza por la escalera atropelladamente: parándose en el descansillo ante su puerta, dejándole siempre un beso al aire que ella recogerá en su mejilla.

Después un suspiro, el pitido de la cafetera desprendiendo el aroma del descanso. Una vez las calles “musiquean” al ritmo del día Marisa volará, entre sabanas,  hasta la luna. Donde alguien silbará una canción de estrofas silenciadas por la distancia y cuarenta escalones de cercanía en sueños…

Nieves

Este Jueves,  relato: Escaleras   ¿Quieres qué te cuente?