28 de cien… Surrealismo viajero

Ha pasado una semana más y he perdido la cuenta de cuantos mapas he dibujado.

He decidido que necesito algún artefacto que me acompañe cuando el viaje de surcar sueños se haga una realidad…

No quiero verme cómo Alicia en el País de las Maravillas, deshaciendo días con un reloj que marca horas al revés.

Pensé en una pajarita de papel que me ayudaría a volar por los cielos y atravesar nubes como un misil que busca certero traspasar un corazón… aunque pensándolo bien lo mio no es el Origami. Así que descarté por las mismas razones el barco de papel.

Hay una flecha invertida que me invita a llevarle la contraria… Fue así como llegue a la tienda de cosas inverosímiles. Deseché viajes fantásticos inimaginados por Verne y, la posibilidad de un viaje de saldo de media vuelta al mundo en cuarenta días…

Buscaba algo más romántico que me llevara siempre hacia los lugares elegidos. Es curioso, en la estantería de los inventos invendibles encontré lo que buscaba, una brújula sin norte, fue como un regalo, tal vez porque si algo me apetecía era perder el rumbo en la aventura.

El equipaje debería ser ligero. Recorreré miles de kilómetros de pasos cortos para observar el transcurrir de las estaciones donde la orografía del terreno será complicada. Me he hecho con “botas de una legua”, las de media se agotaron en el “Black Friday” que aún no llegó…

Ahora solo me queda darme una razón a mi misma para empezar a llenar la mochila de mapas y sueños de largo recorrido…

El viaje hacia el olvido está por finalizar…

Nieves

27 de cien… Dibujar un mapa. El principio del fin

Ando dibujando un mapa. Lo llamé del olvido porque voy construyéndolo poco a poco, sin prisa, cómo el recuerdo que acompaña al adiós que se borra despacio. Las piezas encajan como un puzzle.

Conviven ríos que desembocan en mares,  mares que rozan océanos. Islas que se alejan de la realidad cómo si flotaran naufragas por confines ajenos… Archipiélagos que se dan la mano y se hacen cercanos. Continentes agrestes, caminos sin sendero…

Conforman el adiós. El darle a la memoria característica de palabra escrita para dejar entrar en ese nuevo hueco vacío y usado nuevos aires. Aguas que sanan y limpian. Color a lo que fue oscuro y lúgubre…vida. 

El contorno fui dibujándolo mentalmente. Una vez te das libertad para viajar el paisaje se va volviendo íntimo. Te seduce cada sentido alimentado:  el olor a sal de “la mar”,  la hierba mojada tras la tormenta,  el sonido del romper de las olas en un día de fuerza de viento;  la textura a seda del pétalo en tus dedos, suave.

Pasear por los acantilados y llegar a disfrutar del ocaso del día, en aquel paisaje salvaje donde las olas rompen con dureza. Observar cómo en un instante la amabilidad de la lentitud del adiós y la tímida oscuridad del principio del fin de un día te emocionan.

Es tan corto el espacio en el tiempo de los acontecimientos y tan largo el olvido.

Nunca, nunca… es tarde para dibujar un mapa.

Nieves

26 de cien. Samarkanda… y la Ruta de la Seda

Hace días que la casa está húmeda. La falta de sol consume los rincones dejando que el frío se apodere de las paredes. Al cambiar la ropa en los armarios me he encontrado abrazando un abrigo de falsa piel. Pensar sobre ello me ha llevado de nuevo a otros tiempos donde el roce con otro cuerpo te trasladaba directamente al calor…

Decidí reinventar ese armario, desdoblar la lana, rescatar las arrugas, asumir los pliegues de cada prenda. Deseché lo inservible. Incluí la falsa piel y algunas sedas de otros tiempos, llenas de desolación y recuerdos.

He buscado algo bonito, lucido y que de calor. Y he encontrado  una prenda que combina a la perfección conmigo y el gélido frío interior que se apodera de mi…

Ante el espejo, sola, desnuda  y con ese sombrero rojo que llamó poderosamente mi atención. Observo cómo mi propia seda me incita a seguir la ruta establecida. Tal vez excéntrico puede que pretencioso. Voy descubriendo la calidez y cómo combina con mi pensamiento trasladándome despacio a las sensaciones en el alto y bajo poder de la caricia.

El otoño no podrá enfriar el rojo. Fiel reflejo de donde habito…

Nieves

25 de cien… La teoría de los átomos

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Me llevaste a aquel jardín un día de septiembre de calor sofocante. Paseamos cada rincón entre explicaciones absurdas de una teoría sin fin sobre la estupidez humana…

En algún momento me perdí, creo que fue entre los jazmines y la madreselva. Eran pocos metros. La distancia no era medible entre tu y yo. Logré que mi mente viajara hacia otros lugares… A veces me agota esa impuesta solemnidad de estar siempre elevada a la palabra exacta, a la charla continua de ideales costumbristas donde los egos riñen y tiñen nuestra supuesta relación de amistad.

¿Porqué no hablar de la luna, o las flores, o del ridículo sombrero de mi tía en la boda de mi hermana?, claro, que sin convertirlo en algo metafísico. Simplemente porque es sencillo, puede que ameno y, tal vez, diferente…

Te miré, el olor a flor que todo lo copaba. Un atisbo de realidad, de cotidianidad. No pude evitarlo, fue justo cuando te interrumpí…

Julio me ha pedido que nos casemos- me observaste con estupor, como si aquel discurso sobre política social, medio ambiente o bolsa hubiera sido mancillado por algo banal. Reconozco que no te atendía…

Sí, no te sorprendas. Hace rato que no te escucho y espero hayas podido comprobar que tampoco replico o muestro interés alguno sobre lo que decías-. me movía nerviosa, como si en mis manos tuviera una granada a punto de explotar. Aun así seguí con mi monólogo impuesto…

Hace años que no hablo contigo de ti y de mi. De lo que nos acontece, del futuro que anhelamos. El real, el vital… a veces, falta naturalidad en los instantes, otras realidad en los sucesos y alguna, solo alguna, abrazos. Nuestra amistad lleva encorsetada años…

Fue cuando noté en su cara algo diferente, cómo si las palabras se hubieran consumido en el silencio. Sin darnos cuenta salimos de allí, solo se oían nuestros pasos en el ruido de nuestros pensamientos…

Luego, en el metro, ya camino de casa recibí aquel mensaje que aun guardo en mi memoria.

Siempre pensé que algún día te casarías conmigo…- seguido de aquel emoticono triste…

Dos días después decidí contestarte. De eso hace ya dos años. Ahora añoro la física cuántica y solo espero que algún día te devuelva a mi. Siempre me arrepentiré de aquella palabra colgada en una pantalla, solo una, rotunda y condenatoria que nos distanció. “Tarde”…

Nieves

24 de cien… Nueces

 

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No había oxígeno a cielo abierto. Supongo que lo que llamó poderosamente mi atención, fue la sensación de no poder hacer nada. Lejos de huir, me quedé allí, estática. Era como si observar desde la profundidad de aquel abismo en algún momento me pudiera devolver un hálito de vida. No, no estaba en el cielo, ni tal vez en el infierno ni en ese trayecto luminoso donde decides; ¿me quedo o me voy?. Era algo más simple, tan relacionado con el placer, que creo que mis pupilas dilatadas por el miedo daban más aceptación a continuar que a renunciar…

¡Joder, esa angustia!. Mis manos parecían atadas, no respondían. Mi capacidad pulmonar estuvo al límite pero justo ahí, decidí dejarme llevar por el vaivén de los acontecimientos. La impotencia me pudo. Cerré los ojos y el cuerpo cedió.

Desde entonces no como nueces, ahora se que soy alérgica. Aunque, a veces, me gusta recrearme en ese justo punto;  sumiso, perverso, donde placenteramente la vida se mezcla con la muerte.

Por eso estoy aquí. ¿Aceptas?…

Inspiración modo “on”

 

23 de cien… El gato que está triste y azul

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… En unos días acabará el verano. Volver a casa, vaciar la maleta de lugares, asentar los recuerdos en algún lugar útil de la memoria, desplegar la rutina que alumbra el presente.

Organizar el futuro incierto se me hace cuesta arriba.

Me gustaría hacer al calor del hogar una manta mullida que cubra mis pies o, tal vez pintar la primavera en otoño. Comprar una nariz roja y hacer un día lluvioso de radiante sonrisa… Para la entrada del invierno aun no tengo previsto nada aunque puede que otra vez llene mi pequeña maleta de paisajes, de imágenes de un aprendiz objetivo, mi visión de lo que vivo intensamente…

Y en este paso de estaciones me han dejado en el pasado alguna postal a modo de punto y seguido en el buzón del volveré.

Cerraré las ventanas. La noche me acunará más horas y la luna velará los sueños de los románticos. En  los acordes de el gato que está triste y azul despediré los amaneceres. Toca vestir el día de la capa de “super héroe” y dar la oportunidad a lo aprendido “mañana será otro día”, será el día que en esa ruleta rusa de buscarse la vida algo llegará…

Nieves (N. co-de)

La musa alocada y desvariada…

22 de cien… “Des-enredo”

Vuelves y revuelvo…

Los sentidos agazapados qué tras la puerta viven entre cuatro paredes… Los muebles fueron testigos mudos del recuerdo. En mi mente tú,

en la tuya yo…

Paseas y repaso…

Con la yemas de mis dedos la piel desnuda que no me pertenece. Noto al recordarte el cambio en su orografía. ..

Busco el rastro del grito silencioso, sumiso de aquel instante furtivo.

Juegas y apuesto. ..

Con cartas marcadas por las veces usadas. El desgaste hace criba y la renuncia se apodera del grueso del papel.

Una vez hubo un as de corazones pintado en el ombligo del placer…

Renuncias y desisto…

El tiempo borró las huellas de un camino provocador de retorno continuo. En el preludio del fin el quiebro de las caricias y los gemidos que resuenan en el olvido…

Nieves (N-Co.de)

Y como siempre la musa…

21 de cien… Summertime (II)

Como un lienzo despejado y sereno se muestra el cielo desde donde lo observo. Daría alguna pincelada de color, aun sabiendo que la paz que respiro cambiaría a inquietud.

La brisa que roza mi piel le roba la tersura. Siento el erizar de mis vellos… y es el verano en su desnudez el que puede abrazarte con fuego y, a la vez, acariciarte con dulzura…

En esta quietud casi forzada miro las manecillas del reloj y,  espero que giren restando horas en un juego absurdo de robar tiempo a la caída de la tarde…

Me regalo un poco de tranquilidad, una pizca de vacío en los pensamientos, un segundo y medio de deseo. Dejando volar sueños al aire que rescato justo cuando el sol me susurra al oído, -el ocaso llegó, mañana será otro día-…

Nieves

La musa inspiradora…

20 de cien… Summertime 


De vuelta al rumor del mar cuando cierras los ojos… a la paz de los días sin rutinas y vacíos de contenido.
Al rozar del aire en la piel y el calor del cuerpo bajo el sol…
Diferente, talvez. Un libro nuevo que leer, un halo de nostalgia, algo de jazz a juego,  una vuelta a los acontecimientos y una revuelta a los pensamientos. Si observas nada ni nadie  tienen prisas…
Rompe una ola a mis pies y enfria la toma de decisiones.  Agradezco el escalofrio, la circulación de la sangre se anima.. No me inmuto ante el cuerpazo de dos sombrillas mas alla que pasea de continuo luciéndose, es el dia de la marmota modo verano…
Página diez del libro, sosiego que me hace levantar la vista hacia “la mar”… Sigo en el vacío de nuevas sensaciones, sin contenido y sin saber/querer si quiero que esto cambie…
Summertime
Nieves

La musa inspiradora…

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